Alejandra Zermeño, 
la niña que tejía

alejandra-ge-9_0Qué difícil es ser adolescente. Todavía más, si uno entra tarde a la secundaria, cuando ya se han formado todas las bolitas, cuando ya se han hecho las alianzas y los odios férreos que se tienen a esa edad.

Alejandra Zermeño (México, DF, 1978) entró dos meses tarde a la secundaria. “No recuerdo bien porqué, creo que porque me había quedado en una secundaria que a mi mamá no le gustaba… El caso es que llegué tarde, no conocía nadie. Era una niña chiquita, flaquita. A eso súmale que no me resultaba atractivo ninguno de los muchachos de la escuela y las niñas me rechazaban”.

Llegó el momento de escoger taller. Alejandra, que desde siempre tuvo facilidad para las manualidades, quería artes plásticas, pero de nuevo la maldición de llegar tarde: estaba ya lleno. “El único que quedaba era tejido y bordado, que estaba lleno de niñas que querían aprender a ser mujeres. Me sentía intimidada no sólo porque no sabía tejer, sino porque tenía entonces muchos problemas para aceptar mi feminidad. Me azotaba: ¿por qué soy mujer, por qué soy mujer?”.

Alejandra, poco a poco, se fue sintiendo a gusto tejiendo y bordando. “Me di cuenta, pero eso ya fue después, que tejer es un acto de amor, de cuidado. Es una actividad muy detallada, ardua y yo soy obsesiva, me encanta repetir patrones”. Lo mejor: se fue sintiendo a gusto consigo misma: “Me he dado cuenta que cuando tejo entro en un estado de meditación, también es una actividad espiritual. Estoy conmigo misma y en el momento presente con la pieza”.

Alejandra Zermeño es escultora, pero no es una escultora común. No trabaja con piedra y metal como le enseñaron sus estrictos maestros de la Academia de San Carlos. Lo suyo es más suave, más plástico, más intuitivo. Sus esculturas se hacen a partir de moldes de yeso. Y casi todas van vestidas de tejidos, tapices o bordados.

Esa niña tímida que llegó tarde a la secundaria se convirtió en una adulta a la que le gusta mucho conversar (“Me gusta platicar con la gente, sus historias son parte de mi obra”) y que no es nada tímida a la hora de buscar oportunidades. Tocando puertas ha conseguido una exposición muy exitosa en el Museo del Chopo, que una de sus piezas forme parte de la colección permanente de la Ciudad de los Libros y que su obra viaje a Japón, Canadá y España.

EL CINE (Y MICKEY ROURKE) 
OS HARÁ LIBRES

Zermeño tiene una formación académica muy sólida. En San Carlos hizo la carrera y la maestría. “Eran días y días de estar dibujando a la misma modelo. En la Academia te dejan trabajar sólo con ciertos materiales, sobre todo, piedra. El metal ya es considerado tosco. Otros materiales, olvídate”.

—¿Qué materiales no son, digamos, académicos?

“La resina, por ejemplo. Yo ahora trabajo muchísimo con resinas. El poliuretano. Ponerle tejido u otras cosas a la esculturas, prohibidos. Muchos materiales que no están permitidos, o creo yo, no están entendidos dentro de la Academia”.

—¿Y cómo te liberaste?

“Ésa es una buena historia. Cuando salí de la carrera me encontré con mucha libertad y con la realidad de que tenía que ganarme la vida. Entrar a la galería o vender tus obras por tu cuenta es dificilísimo. Me puse a pensar qué podía hacer y se me ocurrió que podía trabajar en el cine”.

—¿En el cine?

Sí. Haciendo efectos especiales. Siempre que hay heridas, que a alguien se le cae el brazo, que alguien tiene una deformidad se necesita un escultor y un maquillista. Así que durante seis años me dediqué a hacer efectos especiales para películas. Trabajé de todo, películas mexicanas y extranjeras.

Yo llegué sin saber nada, sin conocer a nadie. Toqué puertas y los que me aceptaron fueron dos chavos súper talentosos, los fundadores y dueños de Anima FX. Pero no sabía nada. Cuando me pidieron que hiciera mi primer molde de un brazo me salí a la calle a llorar. Para hacer un molde en la escuela me tardaba días y aquí los necesitaban ya. Aprendí una técnica bien padre que se llama lifecasting, que es hacer moldes con vendas de yeso sobre sujetos vivos. Le hice un molde a Mickey Rourke…

—¿Cómo que a Mickey Rourke? ¿Enyesaste a Mickey Rourke?

Sí, era la época en que nadie quería trabajar con él porque estaba en plena recuperación de las drogas. En Estados Unidos trataron de hacerle el molde y como él es claustrofóbico se desesperó, rompió todo. Entonces nos los mandaron a nosotros. Fue cuando estaba haciendo Man on fire…”

—La de Tony Scott, con Denzel Washington…

“Ésa. Entonces como es claustrofóbico tuvimos que ser muy pacientes todos y le íbamos haciendo el molde poco a poco, primero un cachete, luego otro. Y luego armarlo.

“Ahora el lifecasting es la técnica principal que uso en mis piezas porque es muy íntima. El modelo deja su huella, y creo que impregna su esencia, en el molde. Además, no uso modelos profesionales, sino gente común que conozco, algunos amigos y otros que los veo de repente y los quiero para una escultura.

“Pasan cosas curiosas. Una amiga, bailarina, poso cuando se estaba separando y tenía la cabeza llena de ruido y de ideas. Cuando traté de sacarle el molde de la cabeza no salía.

“Cuando acabé la pieza y la estaba moviendo, se me rompió de un pie. ¡Y ese mismo día mi amiga se esguinzó el tobillo en una función de danza!”.

—¿Y ya te saliste del cine?

“La última película que hice fue Apocalypto. Me iba muy bien en el cine, pero sentía que me alejaba más y más del arte.

“Si el cine me gusta 100%, el arte me gusta 500 por ciento. Agarré mis ahorros y me dediqué de lleno al arte. Durante dos años fue durísimo, nadie me hacía caso, nadie me compraba nada, entraba a bienales y no quedaba. Fue poco a poco”.

Zermeño se volvió su propia representante, su propia promotora, su propia gestora.

“También aprendí eso en el cine, que tienen una red de distribución bien clara, de mercadotecnia, de venta. En el arte hace falta eso, que las galerías se interesen no sólo en exhibir, sino que te aseguren que te van a vender”.

El lado animal de todos nosotros

En la Galería X Espacio de Arte, la escultora mostrará la serie completa BiDA: biología interna de los animales, que el año pasado se expuso con éxito en el Chopo y en el IPN. Con BiDA, Zermeño se propone explorar simbólicamente lo que hay de animal en los seres humanos.

Las esculturas son todas figuras humanas que de un modo u otro homenajean animales: lo esquivo del camaleón, la seducción del ave del paraíso, el sentido del humor de la nutria. El lado animal de todos nosotros o el lado humano de los animales.

“En el Chopo estuvo incompleta. Ahora hay cuatro piezas nuevas que nadie ha visto, sobre todo ‘Pavorreal’, que es la escultura más grande y que más tiempo me ha llevado”.

“Pavorreal” es una pieza ardua, obsesiva y difícil, cubierta de aplicaciones de pedrería puestas a mano, con una enorme cola textil multicolor. Pero quizá lo más de la pieza es que es un homenaje a la madre de Alejandra, fallecida hace poco tiempo.

“Ver a mi madre morir fue muy duro, pero también muy hermoso. Creo que todo mi trabajo, desde lo que tejía cuando era niña, se lo he dedicado a ella”. Será que por eso todas las esculturas de Zermeño proyectan tanta serenidad. También amor.

concepcion.moreno@eleconomista.mx