Informe Rojo

mussio la noticia en el caféFalta la renuncia de Duarte

POR MUSSIO CARDENAS ARELLANO

* “No canses a Peña Nieto” * No basta echar a Manzur de SEFIPLAN * El autismo del gobernador * Yunes: dos descalabros en una semana * Burla de Marcelo a Pepe Robles * Mónica: la masacre que viene * Define el PRD candidatos a alcaldías * El caso Coatza y el polémico tapado * Nazariego a PROFECO

Molido a golpes de prensa, Javier Duarte de Ochoa tuvo que enfrentar un dilema crucial: era su cabeza o la de Salvador Manzur Díaz. Y optó por la de su delfín.

Tomó la decisión tras un viaje a la ciudad de México, reunido con el líder de los senadores priístas, Emilio Gamboa Patrón, diálogo en corto, entre el viernes 26 y el sábado 27 de abril, llevado ahí con la esperanza de salvar la crisis de los mapaches de Boca del Río, los videos y audios que exhibieron el robo de los programas sociales federales para canjearlos por votos a favor del PRI.

Lo que escuchó lo dejó helado: “No canses a Peña Nieto”. Necio y obcecado, el gobernador de Veracruz pretendía justificar la pifia. Argüía en su favor y alardeaba de un control de daños que en sus adentros sabía inexistente, exhibido dentro y fuera de México como un tramposo electoral, jefe de la banda, cerebro de los “ladrones de elecciones”.

Se le escuchó fantasear, marear con un rollo insensato, terquear con una estrategia suicida, la de enlodar a sus opositores y descalificar a sus críticos para nivelar el chiquero en que se metió y en que convirtió la próxima elección veracruzana, la que le da a Duarte tres años tersos, si retiene el PRI el Congreso estatal y las principales alcaldías, o tres años de infierno, si PAN-PRD logran mayoría en la Legislatura de Veracruz.

“No canses a Peña Nieto”, le volvieron a advertir. Y escuchó algo que le heló la sangre, el nervio crispado, los ojos desorbitados: “No vayas a ser el primer gobernador renunciado en la era Peña Nieto. Es la cabeza de Manzur o la tuya. Entrégala”.

Supo del nivel de enfado que mueve al Presidente Peña Nieto con sólo escuchar el nombre de Javier Duarte, aludido el impasse del Pacto por México, cuando el PAN y el PRD dejaron hablando solo al PRI y al gobierno hasta que se las apliquen a Duarte y su pandilla por el descarado robo de programas sociales —Oportunidades, 65 y Más, abastecimiento de leche y despensas, Seguro Popular—, documentada la mapachería en videos y audios tan escandalosos como irrebatibles.

Era Manzur o era Duarte. Era el que ve a los adultos mayores como “oro molido”, como empleados a sueldo para votar por el PRI, como carne de cañón electoral, o era su impulsor, el que lo envió a operar el fraude, el desgobernador de Veracruz. Era Manzur o era Duarte. Así de fácil.

Cuentan los insiders, los del círculo duartista, que el gordobés no dio más. Regresó a Xalapa diezmado, amedrentado, el alma en un hilo, sabedor que su proyecto de sucesión se había pulverizado. Irritado por el descalabro, sabía Javier Duarte que el golpe del peñanietismo era certero y letal. Manzur no sería su sucesor.

Pasó por su mente una sola idea: enfriar la ira de Peña Nieto. Preparó el relevo en la Secretaría de Finanzas y Planeación, de la que el mismo Mensur —así lo dicen sus fans— decía que estaba ahí, como secretario, aunque no atendiera el changarro, pues “primero lo primero”, se le escucha decir en uno de los audios, o sea el fraude electoral, el robo de la elección en Boca del Río y Veracruz.

Lo que es no tener palabra. Apenas el jueves 25, Javier Duarte respondía secamente, tosco, cortante a la prensa que clavaba el colmillo y le preguntaba si cesaría a Manzur. “No”, dijo categórico el gordobés.

Al día siguiente, en el DF, le pintaron otro escenario. Se iba Manzur o se iba él. Y no lo pensó.

Manzur, el “oro chapeado” del duartismo, dejó SEFIPLAN el viernes 3 de mayo. Un día después se oficializó el relevo. Carlos Manuel Aguirre Gutiérrez, un fidelista, tesorero del gobierno veracruzano en el sexenio de Fidel Herrera, fue designado “encargado de despacho”, una argucia política que refleja cuando los enroques no son pactados.

“No que no se iba Manzur”, dicen ahora los reporteros que lo entrevistaron aquel jueves 25, un día antes del fatídico cónclave Gamboa-Duarte.

Manzur no es, sin embargo, un mapache nuevo. Delegado priísta durante el fidelismo, le tocó imponer candidatos, torcer voluntades y aplastar inconformidades en los procesos internos del PRI.

Llegó al ayuntamiento de Boca del Río embarrado en un cochinero, arrancando votos sucios, canjeados por la entrega de despensas, con una elección empatada, cuestionado por el panismo, al que le robó la elección, y por los boquenses. Dos años después, su desgobierno le impidió ser candidato del PRI a diputado, previsible el descalabro y evidente su impopularidad.

Chivo expiatorio, “ladrón de elecciones”, ratero menor, el señor Manzur protagoniza en audios y videos que exhibieran los Yunes —Miguel Ángel, padre e hijo— los trastupijes del PRI. Se le oye instruir cómo excluir a vocales y beneficiarios del programa Oportunidades que no estén vinculados con el PRI; cómo se obliga a funcionarios de la SEFIPLAN a participar en la estructura electoral priísta; cómo opera la SEFIPLAN en su conjunto y sus servidores públicos porque “jalan o jalan”, y cómo es el enviado de Javier Duarte para orquestar el apropiamiento de los programas sociales federales a favor del PRI.

Su renuncia es insuficiente. Javier Duarte, Manzur, Pablo Anaya y más de 50 mapaches priístas, funcionarios del gobierno de Veracruz y del ayuntamiento de Boca del Río, así como siete de la delegación de la SEDESOL, enfrentan una denuncia ante la Procuraduría General de la República por delitos federales y una más ante el Instituto Federal Electoral, incluido el vocal del Registro de Electores, Sergio Vera Olvera, por afiliaciones irregulares en el padrón.

Renunciar a Manzur es una agarrada de tontos. PAN y PRD dejaron el Pacto por México, el instrumento de Peña Nieto para concretar las reformas estructurales, pero no vuelven a él si el caso de los mapaches de Veracruz queda impune.

Manzur es un peón en el lodazal de los mapaches. Duarte es el cerebro, denunciado penalmente y sobre quien pende la solicitud de juicio político. Resquebrajado, herido de muerte, el Pacto por México está en manos del PAN y del PRD, sujeto a que el gobernador de Veracruz sea enjuiciado —el fuero no lo protege de delitos federales— o que Peña Nieto lo eche del gobierno estatal.

Duarte no es autista, pero a veces parece serlo. Vive en su mundo interior. Ajeno a todo, no le cae el veinte de la realidad y cuando aborda los temas cruciales de Veracruz relata una película que nada tiene que ver la que observan los veracruzanos.

Su problema se llama gobernabilidad. No pacta con los grupos priístas; no acuerda con nadie; no mantiene en su mano los hilos del poder. No, su fórmula es la de imponerse con puño firme y mano recia, pero sin tener el puño firme y la mano recia.

Nacido para todo, menos para el poder, Javier Duarte da manotazos a diestra y siniestra, se arrebata, hostiga, acosa, persigue a la disidencia, a sus opositores; reprime protestas, encarcela periodistas, los criminaliza, y cuando los matan, los vincula con la delincuencia.

No basta la renuncia de Salvador Manzur. La que sofocaría el escándalo de los mapaches de Boca del Río, es la de Javier Duarte.

Peña Nieto se lo agradecería.

Archivo muerto

Semana negra para Miguel Ángel Yunes Linares: lo acusa Manuel Espino, ex dirigente nacional del PAN, de enriquecimiento ilícito, de ocultar bienes y defraudar al fisco, y sufre un descalabro en la elección de diputados plurinominales panistas para el Congreso de Veracruz. A Espino ni quien lo pele porque no es más que un golpeador por encargo, rémora fidelista y ahora adorador de Peña Nieto, frustrado porque Yunes Linares inició el destroncamiento del Yunque en Veracruz, arrinconando a Víctor Alejandro Vázquez Cuevas y orillando a Gerardo Buganza hasta echarlo del PAN y remitirlo, de rodillas, con Fidel Herrera, el que le robó la gubernatura en 2004 —¿síndrome de Estocolmo?— hasta hacerlo que se entretenga con la Secretaría e Gobierno de Javier Duarte, donde, por supuesto, no manda. Lo de Espino le tiene sin cuidado a Yunes, pues en cuestiones de enriquecimiento está más reventado el gordobés. Su dolor de cabeza fue la paliza que le dieron los panistas en la elección por las diputaciones plurinominales. Cayó al octavo lugar y seguro no llegará al Congreso de Veracruz, relegado en la votación, traicionado en su bastión, Tantoyuca, donde el hermano del ex alcalde Joaquín Rosendo Guzmán Avilés, se llevó los votos que le habían prometido al tormentoso Yunes Linares. Protagonizó, a manera de colofón, un zafarrancho en la sede panista en Xalapa, donde llegó con sus fans, se enfrentaron a quienes realizaban el conteo, rompieron cristales y tuvo que llamarse a la policía para evitar más desmanes. Al final Yunes quedó en la octava posición, materialmente muerto, porque los yunquistas, la ultraderecha, todavía respiran. Qué show… Pobre Pepe Robles. Él, tan pagado de sí mismo, tan tramposo y tan vival, no vio en qué instante le hicieron creer en el pleito entre Marcos Theurel, el alcalde de Coatzacoalcos, y su mentor, Marcelo Montiel. Convencido que Theurel era enemigo de Marcelo, le dio trato especial, mínimo golpeteo, flores a diario, millones a cambio pero, sobre todo, la seguridad de una supuesta alianza. Sin saber que uno y otro mantenían hilos conductores, que se veían y se hablaban, proyectos conjuntos y negocios inconfesables, envió a su hija Mónica por una diputación imposible, al matadero pues. Chef y pinche, o pinche y chef, como se les quiera ver, Theurel y Marcelo cocinan la masacre del 7 de julio, voto cruzado, el destripadero de la señora Robles de HILLMAN y una lección al Clan de la Succión. Cuentan que a media campaña vendrá lo de la otra familia de Pepe. Que Dios lo agarre confesado… Día crucial para el PRD, el martes 7. Ese día definen las tribus nacionales y la dirigencia del partido del sol azteca sus candidatos a las alcaldías de Veracruz, entre ellas Coatzacoalcos. Ese día, en la sede de Benjamín Franklin 84 colonia Escandón, en el DF, se realiza la última valoración y si no hay desacuerdo, el candidato será un polémico y popular personaje… Asume Víctor Manuel Nazariego Ortiz la subdelegación de la Procuraduría Federal del Consumidor en Coatzacoalcos. Llega con el visto bueno del delgado estatal en Veracruz, Inocencio Yáñez, y con el beneplácito del también veracruzano, Silvio Lagos Galindo, ex diputado federal y ahora director general de delegaciones de la PROFECO. La toma de posesión de Víctor Nazariego se dio este lunes 6. Nazariego Ortiz es un efectivo operador político, priista y recientemente asesor de la Secretaría de Seguridad Pública en Veracruz…