Informe Rojo

mussio la noticia en el caféEl Señor de los Billetes y la complicidad de Erick Lagos

Mussio Cárdenas Arellano

Allá, en Isla, se entrecruzan el aroma a la piña de sus campos y el de la pólvora de las balas percutidas por los sicarios que matan mujeres a diestra y siniestra. Pero de lo que más se habla hoy es de Juan Cruz Elvira, el candidato del PRI, El Señor de los Billetes.

Malandro, rival de la justicia y de la ley, Cruz Elvira tiene ya un lugar en la picaresca política, personaje que bien podría encarnar a Don Gastón Billetes, el de los Agachados de Rius, que se piensa dueño de todo, de los cargos públicos, del silencio de sus adversarios y hasta de la vida de los demás.

Saltó a la fama no por sus habituales desmanes, ni por las corruptelas que engalanan su maloliente trayectoria, ni los atropellos y vejaciones en sus días de alcalde, ni siquiera por sus lazos con el líder estatal del PRI,el isleño Erick Lagos Hernández, de quien presume complicidad, sino por un hallazgo para el escarnio y el lavadero popular: las fotografías en que se le ve repartiendo dinero, estampado en las gráficas el emblema del PRI y su nombre junto a su condición de candidato a diputado local por el distrito de San Andrés Tuxtla.

Se le ve sostener en sus manos billetes de 100, 200 y 500 pesos. Se los entrega a familias enteras, a un par de jóvenes, a tres varones adultos. Y en todas las fotografías, invariablemente se remarcan los emblemas del PRI y del Partido Verde Ecologista de México.

Unas horas duró la imagen de Don Gastón Billetes, versión Isla, en las redes sociales. De su página https://www.facebook/jce fueron bajadas las gráficas en cuanto estalló el escándalo.

Otras pudieron circular libremente, incluso para mostrar el dinero a medio guardar en sobres con el logotipo priísta.

Hasta donde se sabe las fotografías no son de ayer sino de antier, de enero y febrero, cuando aún era alcalde y esgrimía la filosofía de la despensa como forma de gobierno y como sedante para sus gobernados.

Repartía becas, mostraba los billetes, puestos en las manos de los beneficiarios, y entregaba seis despensas por alumno. Según la página oficial del ayuntamiento de Isla, con una parte se ponía el municipio y con otra Cruz Elvira. La suma era “mejores becas”. Así, el factor dinero para ganar adeptos.

Ya en campaña, Cruz Elvira es más descarado. Envía a los electores un formulario, una solicitud de ayuda al candidato, o sea a él, en la que sus seguidores deben aportar sus datos generales y sobre todo llenar un apartado, quizá el más importante para el priísta: el número de la credencial del IFE, la credencial para votar.

Pernicioso político, azote de los isleños, Juan Cruz Elvira fue pillado en esta faena que a todas luces es delito electoral, pues lanzar el mensaje de la compra de conciencias, que suele ser compra de votos, y andar pepenando el número de la credencial del IFE, es una transgresión a los principios democráticos y causal de nulidad de su candidatura. Falta ver si los partidos de oposición despiertan y lo encausan legalmente.

Cruz Elvira no aspira a ser diputado por aclamación de los priístas y mucho menos de los verdes. Es candidato por su filiación fidelista, por ser parte de la pandilla y por la complicidad de su compañero de andanzas, Erick Lagos, un invento del ex gobernador Fidel Herrera Beltrán que desoyó lo que en el pueblo gritaban las fuerzas vivas y lo impuso a riesgo de que el voto de castigo lo destroce y que la diputación se le entregue a la oposición.

Fue en julio de 2012 cuando los isleños advirtieron que Erick les iba a asestar la puñalada en la espalda. Un día doña Apolinaria Hernández, doña Polita, madre del líder estatal tricolor, en un evento del PRI tomó el micrófono, se sintió la corresponsal de su vástago en territorio piñero, y destapó al susodicho Cruz Elvira, provocando la ira y una comedida promesa: el PRI, con tan nefasto candidato, está muerto antes de llegar a las urnas.

Quienes lo han padecido, recuerdan los días en que Juan Cruz Elvira ejerció el poder municipal con mano de hierro e intención de rufián. Su paso por el ayuntamiento es un compendio de sinvergüenzadas, obras infames, malversación de recursos, complicidad de funcionarios, encubrimiento desde la cúpula del fidelismo y agresiones físicas a ediles y servidores públicos que le señalaban de qué pie cojea y cuántos millones quedó a deber.

Desde Isla circula un documento, suscrito por priístas, soportado por evidencia pura, un álbum político en que se cuenta la historia siniestra de un truhán que no debiera andar buscando llegar al Congreso de Veracruz sino camino a un penal de máxima seguridad.

Y ahí se dice, por ejemplo, que en su primera alcaldía, “el sindico y tres regidores le documentaron un peculado de 18 millones de pesos y que a pesar de a ver (sic) puesto en conocimiento del ORFIS, CONGRESO DEL ESTADO Y DE GOBIERNO DEL ESTADO nunca fue atendida su demanda y muy por el contrario fueron víctimas de la violencia y amenazas de Juan Cruz quien inclusive en una sesión de cabildos agarró a golpes al Arq. Reynel Ortega, sindico municipal y a lo último él mismo lo manifiesta con la intervención de Erick Lagos fue exonerado por el ORFIS”.

Lo violento lo trae en el alma. Una joven, Flor Mauleón, relata en internet cómo formó parte de su equipo de porristas cuando iba por su primera alcaldía, en 2004. Tiempo después la conquistó. Cuando se embarazó, Cruz Elvira pretendió obligarla a abortar. Flor Mauleón sostiene que fue golpeada, secuestrada y pudo escapar con la ayuda de un policía municipal.

Acudió a ministerios públicos para denunciarlo, al DIF, a Derechos Humanos, y nadie la escuchó. Huyó a Estados Unidos y desde ahí formuló la denuncia. “Juan Cruz Elvira Malnacido”, es el descarnado título del relato de la joven.

A Flor Mauleón le intentaron refutar la denuncia. Linchada mediáticamente, acribillada en internet, lo menos que decían los fans del alcalde Juan Cruz Elvira era que la joven no existía. Pronto mostró evidencia Flor Mauleón. Reveló que hija nació en Estados Unidos y que el caso lo tenía Margarita Zavala, esposa del entonces presidente Felipe Calderón.

Se cuentan mil historias de Juan Cruz Elvira: su obsesión por potenciar el centro agroindustrial Alfredo V. Bonfil, pero como negocio propio, pese a que a los piñeros de la región les adeuda más de 12 millones de pesos, sin atender los requerimientos judiciales; las obras que ejecuta con su compañía grupo constructor Cruz Elvira S.A de C.V. con domicilio en Raúl Sandoval #71, en Isla; sus múltiples propiedades, que incluyen “terrenos, maquinaria vieja e inservible, autobuses, camionetas y ahora hasta lanchas”; sus constantes ausencias, hasta por un mes, supuestamente para visitar a su esposa Arely Mauleón y sus hijas, radicadas en Miami, Florida, en Estados Unidos, “por razones de seguridad”.

De todo lo que se le sabe, hay algo que es dinamita pura: cuando su hermana Irma fue detenida en Tamaulipas con un cargamento de 50 kilos de cocaína. Con todo despliegue lo manejó Diario de Xalapa —27 de abril de 2007— y citaba que la aprehensión estuvo a cargo del Ejército Mexicano, en la carretera a Matamoros. Le hallaron 12 mil 25 dólares y 4 mil 562 pesos en efectivo, varios teléfonos celulares y credenciales supuestamente apócrifas para ostentarse como “asesora” del Congreso de Veracruz, de 2003 a 2006.

Antes priísta, luego del PRD, PT y Convergencia, Juan Cruz Elvira tiene en la fidelidad su mayor militancia. Es un vasallo de Fidel Herrera Beltrán, con méritos de sobra para formar parte de la pandilla infame, y un operador sin escrúpulos de Erick Lagos, el líder del PRI estatal, su protector y cómplice.

Hoy entra a la candidatura a la diputación por el distrito de San Andrés Tuxtla por el Partido Verde Ecologista de México, pues los priistas sentenciaron que no lo dejarían pasar y que de ser impuesto lo habrán de masacrar en las urnas aunque el Verde vaya en alianza con el PRI.

Don Gastón Billetes, versión Isla, suscita tantos enconos que no faltan quienes lo quieren ver bajo tierra, y si es en el infierno, mejor. Una versión apunta en el sentido de que el viernes 27 de abril, durante la Cabalgata Playa Vicente 2013, un comando llegó hasta él y comenzó a disparar. Su escolta repelió la agresión mortal y lo salvó. Despavorida, la gente, niños y adultos, echó a correr. Del asunto no se habló, oficialmente, nada. Dos días después, el emisario de la fidelidad rendía protesta como candidato a diputado en Boca del Río.

Su historia no podía ser mejor para describir cómo se trepa al poder un rufián de la política, fidelista convencido, depredador del presupuesto; represor de enemigos y hasta de amigos y amantes si la ocasión lo requiere; su policía municipal, intervenida por la Marina el 11 de septiembre de 2012 por presuntos vínculos con el crimen organizado, y la lista inacabada de mujeres asesinadas, las muertas de Isla, niñas, jóvenes y señoras maduras, ejecutadas en los dos períodos en que a Juan Cruz Elvira le tocó ser alcalde.

Cruz Elvira calla, potencia su imagen pública, reparte despensas, entrega dinero, mientras en Isla hay muerte y desolación, más mujeres muertas y el crimen organizado hacia delante, como si fuera eslogan duartista.

Lo dicho es apenas un fragmento de lo que el favorito de Erick Lagos ha dejado en Isla, el municipio más piñero de Veracruz, donde el aroma dulce se entremezcla con el olor a la pólvora de las balas que hicieron del terruño de Juan Cruz Elvira, un paraje violento.

Así se conduce un hijo del PRI que pretende ser diputado. Hay más.

Archivo muerto

Una más de Adán Escobedo Morales. Ahora será presidente de la casilla 804 básica, en Coatzacoalcos. Adán Escobedo fue presidente del consejo municipal electoral, en la elección de 2010, acusado de haber favorecido al priísta Marco César Theurel Cotero —“Te rompo tu puta madre”— hasta llevarlo a la alcaldía, pese al cochinero electoral en que se dio la elección.

Como premio, Adán Escobedo, pasó a ser “asesor” en la Dirección Jurídica Municipal y se halla inscrito en la nómina del ayuntamiento de Coatzacoalcos con el número de empleado 24954 y con un salario de 114 mil 486.25 pesos anuales, algo así como 12 mil pesos al mes.

Ahora presidirá la casilla 804 básica para que el fraude electoral no se frustre… Sin alarde, su equipo operando a ras de piso, Armando Rotter Maldonado camina en busca del voto duro, el que lo lleve de nuevo a la alcaldía de Coatzacoalcos.

Combina el candidato de Movimiento Ciudadano la promoción de imagen con la difusión en redes sociales donde hace el recuento de lo que fueron sus logros en su primera incursión como alcalde, a finales de los años 90, y destaca un rubro en el que no hay quien lo cuestione: al concluir su administración no heredó mayor deuda que la que recibió de Rogelio Lemarroy González, su antecesor.

Rotter, contra lo que sus detractores digan, tiene su público, aquellos a los que les hizo obra acorde con las necesidades de los colonos, sin esconder negocios de contratistas. Su pecado, lo que no le perdonan los priístas, es que a 13 años de aquel gobierno municipal, Armando Rotter siga teniendo capital político y que pueda presumir que con él Coatzacoalcos no tuvo deuda…