Zona Franca

Roberto Morales AyalaLa otra tormenta de Duarte

Roberto Morales Ayala

Hay voces, sobre todo las de los investigadores y analistas, que suenan a profecía del mal. Pronosticaron con precisión que la inconformidad del magisterio desbordaría los canales de la mesura porque a ellos, los maestros, les falta una real representación pero les sobra un imperio que ha hecho de su sindicato el paraíso del tráfico de influencias, enriquecimiento inexplicable y el lavado de dinero. Y así ocurrió.

El movimiento magisterial creció a partir del rechazo a la reforma educativa y ahora porque se quieren llevar entre las patas a sus no muy recomendables líderes estatales, concretamente al capo de la banda, Juan Nicolás Callejas Arroyo, y su hijo Juan Nicolás Callejas Roldán, líderes moral y formal de la Sección 32, y a otros finísimos ejemplares, entre ellos Gaudencio Hernández y Manuel Arellano Méndez, de la Sección 56.

Los maestros andan revolucionados y lo que no se ve es cómo y quién los vaya a parar. Ese escenario, donde el caos comienza a reinar, es lo que distingue a Veracruz. El gobierno de Javier Duarte de Ochoa no escucha, ni tampoco quiere ver, no opera ni arregla nada, pues por donde va, carga con la pesada culpa de su inacción política, mientras que la otra tormenta, la política, derivada de la incapacidad para prevenir problemas y desactivar conflictos, amenaza con convertirse en una catástrofe si la sangre llega al río. El germen de los grupos subversivos se reactivaría de norte a sur del estado y la violencia generaría más violencia.

Veracruz no es cualquier cosa en el contexto nacional. El magisterio de nuestra entidad es uno de los mayores, numeroso y politizado, con sus más de 100 mil integrantes, una décima parte de la membresía del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. De ahí su importancia. Quizá no sean tan ruidosos ni tan radicales como los de Guerrero, Oaxaca y Michoacán, donde la Coordinadora, la CNTE, manda y se hace sentir, pero los maestros veracruzanos, que habían sido oficialistas y planchados, parecen inoculados con el virus de la rebeldía.

Los analistas alertan que el gobierno de Javier Duarte carece de operadores políticos que logren distender el conflicto y hasta lo conminan a actuar ya, cuando aún se puede revertir la radicalización del magisterio. Pero Duarte parece no entender. El riesgo es que el ejemplo de los maestros cunda entre otros grupos, que los cañeros, obreros y campesinos salgan de sus centros de trabajo y ejerzan su derecho a la protesta, tomen carreteras y generen un caos mayor, para abrir indirectamente espacios a grupos guerrilleros, como ocurrió en el año 94, en Zongolica y la huasteca veracruzana.

El problema mayor estriba en la corta visión del gobernador Duarte y en su enfoque simplista para tratar el tema. Duarte comenzó presumiendo que el paro magisterial no había prendido a Veracruz, que sólo unas cuantas escuelas se habían sumado a la protesta, que únicamente 381 planteles de los 24 mil 654 que hay en el estado entraron en inactividad. Eso decía el gobernador y hoy Veracruz es uno de los estados más sacudidos por el movimiento magisterial. Y eso ocurre cuando el discurso oficial intenta ocultar la realidad.

El asunto se agrava cuando, al calor del conflicto y la protesta, se actualizan cifras del derroche y el abuso en el sistema educativo. A Callejas y a su grupo dirigente les recuerdan que gozan de comisiones que le cuestan al pueblo, pues perciben un salario mientras se dedican a la política sindical.

De acuerdo con el periódico La Jornada Veracruz, sólo la Sección 32 cuenta con 600 comisionados, algunos de ellos con dos plazas; otros 15 maestros tienen tres plazas; 18 con cuatro; cinco con cinco; seis con seis; cinco maestros tienen siete. El profesor Mónico González Gómez tiene 12 plazas; Adrián Luis Bueno Bello suma 11; Alberto Reyes Cervera aparece con 9 y Ernesto Velásquez Hernández ocupa 8 espacios. ¿Cuántas horas del día requiere un maestro para desempeñar 12 plazas de trabajo? No las trabajan pero sí las cobran.

La lista es interminable. Esos 600 comisionados corresponden únicamente a la Sección 32. No se incluyen los de la Sección 56 ni los de los 14 sindicatos independientes. Sin embargo, en 1998, el entonces titular de la Secretaría de Educación de Veracruz, Guillermo Zúñiga Martínez, actual rector de la Universidad Autónoma Popular de Veracruz (UPAV), declaró que en Veracruz existían 5 mil comisionados, incluidos algunos periodistas. Y eso fue en el 98.

Quienes han sido secretarios generales ya sea de la 32 o de la 56, gozan de un privilegio adicional: se hallan comisionados de manera permanente. En ese caso se encuentran Gaudencio Hernández Burgos, Everardo Paiz Morales, Primo Rivera Torres y Guadalupe Velásquez Casanova, quien fuera alcalde de Poza Rica y que lo mismo coquetea con el PRI que con el PAN.

Otro símbolo de la corrupción es Gustavo Moreno Ramos, ex diputado federal y ex diputado local, actual senador por el PANAL por la vía plurinominal. Moreno Ramos cuenta con cuatro plazas de trabajo. Es decir, cobra como senador y aparte cuatro salarios en el magisterio veracruzano.

El magisterio es sinónimo de vocación entre un sector del magisterio. Pero el otro lo ve como un lucro. Disponen de recursos ilimitados, pagados con dinero del gobierno de Veracruz, o sea dinero del pueblo, pero no usado para formar nuevas generaciones de alumnos, sino para provecho personal.

De ahí que el movimiento magisterial haya tomado la protesta contra la reforma educativa, y ante la falta de liderazgo de Callejas Arroyo, Manuel Arellano Méndez y el resto de la dirigencia estatal, iniciara una escalada para deponerlos, investigarlos y si procede, encarcelarlos por la ostentación de riqueza que los distingue.

La situación es tensa. Este martes, ante la toma de las sedes de las secciones 32 y 56 del SNTE, se advertía un encontronazo violento. El patriarca Juan Nicolás Callejas Arroyo, evidenciado y herido en su cínico nepotismo, hizo a un lado a su junior y tomó las riendas para dar la orden de no escatimar recursos para acarrear a Xalapa a las hordas de golpeadores a sueldo contra los maestros.

Sin embargo, se topó con la utilidad de las redes sociales en las movilizaciones y ayer mismo grupos de maestros salieron a bloquear las calles para impedir el paso a esos grupos callejistas. Al final, sólo logró reunir a no más de 80 seguidores, una vergüenza para quien dice ser el caudillo de más 100 mil mentores en Veracruz.

El conflicto no se reduce a la esfera magisterial. El problema es la inacción política del gobernador Duarte. Su operación es ineficiente. Toma acuerdos, ofrece respeto a los privilegios de los maestros, conmina al regreso a clases, pero no distiende. La disidencia sigue en las calles, protesta, se apodera de escuelas, logra sumar padres de familia, estudiantes normalistas, universitarios, campesinos, petroleros, colonos, en un movimiento que va escalando y que no se atina a saber hasta dónde llegará.

Pareciera ser que el gobernador Javier Duarte anda en fuga, que no le inquieta la estabilidad de Veracruz, que el factor represión es su mejor instrumento y que los problemas de los maestros los deben resolver los maestros.

Deslindarse, así sea de la manera más sutil, no sofoca las protestas, las agrava. Javier Duarte dejó en manos de Juan Nicolás Callejas la solución y el conflicto creció, pues la queja de los maestros era por el contenido de la reforma educativa y ahora lo es porque las bases repudian a su líder.

Mientras, el gobernador Duarte espera una mágica solución.

(roberto@presenciasureste.com)(@moralesrobert)