Contrapunto

Migue Angel GomezMiguel Ángel Gómez Ruiz

El teatro

Poco antes del cruento desalojo de maestros y estudiantes de la Universidad Veracruzana (UV) que estaban apostados en la Plaza Lerdo la madrugada del 14 de septiembre, varios “negociadores” tanto de la Secretaría de Gobierno como de la Subsecretaría intentaron llegar a un acuerdo con los manifestantes para que desalojaran el lugar, debido a que, por cuestiones de logística, debían comenzar los trabajos para montar el escenario para el espectáculo artístico del 15 de septiembre.

Como no hubo ningún acuerdo, Julio Cerecedo, que fracasó en su intento de convencer a los maestros, subió y dio su informe a su jefe, Marlon Ramírez y éste hizo lo mismo con su jefe inmediato, Erick Lagos Hernández. A su vez, el poderoso secretario, que hace apenas nueve años era office-boy en el mismo palacio de gobierno (hoy, es uno de los funcionarios más ricos) le comentó el asunto al secretario de Seguridad Pública, Arturo Bermúdez Zurita. La molestia era evidente, el gobernador Javier Duarte de Ochoa, que rara vez acude a palacio de gobierno, urgió nuevamente a sus colaboradores a que encontraran una solución. Ésta no llegó.

Por el contrario, poco después de las 2:00 horas, inició una movilización de personal de Seguridad Pública. Al principio, la intención era amagar con el desalojo a los manifestantes, la mayor parte de ellos maestros y maestras y alumnos que se solidarizaron con el movimiento realizado por los inconformes, tras la supuesta reforma educativa que aprobaron los diputados y senadores mexicanos.

La situación se tornó peligrosa. Los manifestantes comenzaron a movilizarse. Comenzaron a realizar llamadas vía celular para pedir refuerzos. Ante ellos, a escasos metros, policías armados con bastones eléctricos, garrotes, pistolas, perros y hasta ametralladoras, los amenazaban. Algunos policías, valientes ellos, que forman parte de la policía de élite de Bermúdez Zurita, insultaron a algunas mujeres que les lanzaban consignas.

La orden fue terminante. Nadie sabe de quién salió, la instrucción por radio fue, simple y llana: “Rómpanles su madre, que se vayan a manifestar a la chingada”. De acuerdo a versiones de colaboradores de la Secretaría de gobierno, la orden fue dada por Bermúdez Zurita, quizá el más crispado de los colaboradores cercanos al gobernador.

El saldo fue, maestros golpeados, estudiantes golpeados, algunos desaparecidos. El rumor de la muerte de algunos maestros. La confirmación de la muerte de Juan José Carrillo, que protestó frente a palacio de gobierno y apenas apareció. Su cuerpo putrefacto y como ya imaginará usted, de acuerdo a la versión del procurador de Justicia, Amadeo Flores Espinosa, murió por líos pasionales.

Por supuesto, la información de todo lo ocurrido sólo se dio a conocer a través de las redes sociales. Casi ningún medio habló sobre la crueldad con la que se actuó contra los maestros. Ningún medio publicó sobre los desaparecidos. Las familias de algunos maestros que estuvieron hospitalizados fueron amenazadas por la policía y la misma Procuraduría General de Justicia para que no hablaran con los reporteros sobre el tema. Fue al más viejo estilo priista.

La mentira

Sin embargo, la mentira continuó. Primeramente, el vetusto líder moral del SNTE, Juan Nicolás Callejas Arroyo que será legislador por sexta vez, dijo que ni en los medios impresos ni en las televisoras locales, se enteró del desalojo que hubo en Plaza Lerdo. La coordinadora de Comunicación Social y vocera del gobierno, Gina Domínguez, dijo que no ocurrió nada y el subsecretario de gobierno, Marlon Ramírez, dijo que el desalojo de maestros y aliados se realizó de acuerdo a los protocolos establecidos. Es decir, se utilizó la ley del garrote con el permiso del titular de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, el muy priista Luis Fernando Perera Escamilla, padre de Ángela Perera.

A partir de allí, cheque usted, se han realizado decenas de reuniones con maestros veracruzanos para firmar acuerdos para regresar a clases. De acuerdo a las versiones del gobierno mediante escuetos comunicados, se ha logrado con éxito, convencer a los maestros inconformes para que regresen a clases. Todos, de acuerdo a los comunicados, han firmado sin objeción para volver a las escuelas.

Lo cierto es que las amenazas surtieron efecto en algunos. Los maestros, amenazados con ser despedidos de no acudir a las escuelas, tuvieron que ceder ante la presión. Otros están a la espera de la indicación de los líderes de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (Cnte). Aparentemente habrá cambio de estrategias y presionarán de distintas formas.

De igual forma, los maestros no deben acudir, por lo menos ahora, con abogados. No es el tiempo. La situación no está como para que se dejen engañar. Hay en este momento muchos abogados oportunistas que ofrecen amparos contra la reforma. No lo hagan. Que recuerden que aún no han sido evaluados, ni reprobados ni despedidos. También, recuerden que sus plazas son inamovibles y cualquier acción del gobierno contra los maestros sería temeraria pues ello le representaría al gobierno una derrota en tribunales. De por sí, será la Suprema Corte de Justicia de la Nación la que decidirá si es legal o no la reforma educativa.

KO a los medios

Luego que se cancelaron 400 convenios publicitarios con distintos medios de comunicación, se dio un fenómeno muy particular en palacio de gobierno, se instaló un puesto de control para vigilar, auscultar y en su defecto, impedir el paso de muchas personas que acuden a realizar distintos trámites. Los primeros sacrificados fueron los reporteros locales. Un grupo de siete u ocho personas, acuden diariamente a escribir sus notas en la sala de prensa de la Coordinación General de Comunicación Social. Ahora ya es más difícil, pues no sólo les solicitan su credencial de elector, sino que alguno de los guaruras colocados a la entrada de palacio llaman por radio a la oficina de Miguel Valera y éste, si está de buen humor, deja pasar al reportero o reportera. Si no, no es posible.

La cancelación de los convenios, por otra parte, no provocará que la mayoría de esos medios hablen con la verdad, sino que ello servirá como presión para que se sujeten aún más al gobierno del estado, pues si continúan sirviendo –aunque no les paguen- existe la posibilidad que en algún momento les den alguna migaja. Pero si se salen del guacal entonces no habrá nada. Seguramente así se los llevará el gobierno de aquí y hasta el final del sexenio.

Por cierto, causó furor la noticia sobre el reportero Javier Laertes Rodríguez, asesor en la SEV y con una percepción de 40 mil pesos al mes. Colocado en los medios de comunicación a pesar de no ser reportero, cobra en los dos bandos y tiene una forma muy particular de trabajar. Si le es posible, acude a un evento y forma parte de un grupo de supuestos reporteros que, entre ellos, se pasan la misma nota durante el día y todos felices. Al día siguiente, usted abre El Diario de Xalapa, Imagen de Veracruz, AZ Xalapa, La Política, Marcha y otros más y se dará cuenta que la nota es la misma, sólo que revolcada. Tiene los mismos textos y la redacción, mala por cierto, cambiada pero muy poquito. Así se las gastan algunos compañeros, entre ellos este feliz maestro que, amafiado con otros, cuenta hasta con una asociación reporteril. En fin.

La soberbia

Casi nadie lo dio a conocer, pero en días pasados se efectuó un operativo en la zona del Teatro del Estado y todo se debió a que se exhibió la obra “El Cartero”, en la que actúa como actriz suplente, Sofía Castro, hija de José Alberto Castro y Angélica Rivera, flamante esposa del inculto presidente Enrique Peña Nieto. Sí, es hijastra del presidente que ha ordenado un recorte de 4 mil millones de pesos al área de cultura.

La jovencita, protegida por su ahora padrastro, gozó de la presencia de un público ávido de acudir a una obra de teatro. Es decir, fue a verla gente que ni se imaginaba que iría a verla y todo porque se acarreó a quien se pudo. El detalle era que lanzaran vítores a esta actricita que de talento tiene poco y que sólo se ampara en el poder que le da su padrastro. La sala chica del Teatro del Estado de llenó de trabajadores que fueron llevados –voluntariamente a fuerzas- a aplaudir a esta actriz carente de brillantez.

Pocos lo recuerdan, pero hace algunos años, se filmó en la hacienda “El Lencero” una telenovela que se llamó “Mariana de la Noche”. En realidad, casi fui obligado a ir por mis jefes. Durante la presentación de la misma me vi en la necesidad de entrevistar a quienes se veían más o menos inteligentes. Por ende entrevisté sobre temas políticos a Alma Muriel, Patricia Reyes Espíndola, César Évora y René Strickler. Desapercibidos para mí pasaron las supuestas estrellitas: Jorge Salinas, Alejandra Barros –protagonista del culebrón- y quizá, la más gris de todas las actrices allí presentes: Angélica Rivera, destinada ya en ese tiempo, a formar parte del grupo de actrices ya pasadas de moda e incapaces de encabezar un elenco. Es decir, se quedó esperando las entrevistas, pues nadie se le acercó.

Nadie imaginaría que tiempo después, tras la muerte de Mónica Pretelini, esposa en ese entonces de Enrique Peña Nieto, éste tendría un romance con la actriz, ordenaría un protagónico para una novela en Televisa y se casaría, además, con ella, toda una historia de novela. El resto, la desgracia, usted la conoce.

Y el país, se hunde.