NEXOS CON LA VERDAD

Edgar Alan Mendoza AlafitaEdgar A. Mendoza Alafita

Voracidad con somnolencia

Los intereses de unos cuantos tipos que ven signos de dólares por doquier, prevalecen sobre el campo mexicano –ya de por sí depauperado desde la imposición del TLC- y sobre la Estabilidad Económica y Social de la mayoría de los mexicanos.

Ponen en riesgo la Soberanía Nacional y abren las puertas para un negocio de miles de millones de dólares en beneficio de empresas particulares, extranjeras principalmente.

Es triste observar como las altas burocracias niegan y conculcan los Derechos Civiles de las mayorías, y como los “representantes populares” pavimentan el camino, sin importar –ya no los campesinos, que no son más que gente que verdaderamente no importa, sino en la medida en que estorban; ya no el depauperado campo como fuente de alimentación de la población rural- ni siquiera la misma Constitución, abstracto importantísimo en éste País.

Los manoseos –que no reformas- a los Artículos emblemáticos de la Carta Magna –el 25, 27 y 28-, modificaciones que fueron hechas al vapor y a modo de los magnates trasnacionales; son anticonstitucionales desde su gestación. Los grandes logros de la Revolución que se consolidaron y vivieron entre los años 20s a los 60s, (porque después, o desgracia, llegaron los tecnócratas neoliberales, pero llegaron porque los políticos y humanistas, fallaron), esos logros en la Educación, la Salud, la repartición más justa del Bienestar y la Riqueza, la Industrialización, los Procesos Agrarios, etc., son conquistas irrenunciables.

Constitucionalistas como Ignacio Burgoa, Mario de la Cueva y Jorge Carpizo en sus textos sobre Derecho Constitucional establecen un criterio respecto a que: las reformas a los artículos 27 y 28 modificarían “decisiones políticas fundamentales”, como “la propiedad originaria de la Nación sobre el subsuelo incluyendo la propiedad de los hidrocarburos” al establecer modalidades de contratos que afectan el texto de la Carta Magna de 1917.

Se trata de un Principio Histórico que hasta en los Tratados de Córdoba del siglo XIX se establece que la Nación es la Propietaria de esa Riqueza. Y esto se vino a fortalecer en el Constituyente de 1917.

Así es qué, sin más vueltas a las hojas, aquí cabe la Consulta al Pueblo por parte de los mercaderes, o aplicamos el Artículo 39 Constitucional.

Pero, ¿qué podemos esperar de individuos como los Beltrones, los Gamboa, los Lozano, los Pechynar (o como carajos se escriba), los Maderos y demás fauna, entre ellos algunos de “izquierda” -que como dice un compadre: “Son comunistas pero les gusta el billete…”-; que convierten al Congreso de la Unión en un lupanar donde se cabildean los negocios de las trasnacionales?

¿Qué podemos esperar de un gran número de diputados y algunos senadores, que no tienen el mínimo conocimiento de economía, sociología y otras materias que involucran las iniciativas, y que muchos, la mayoría de ellos ni conocen porque sólo se dedican a levantar el dedo sin previo análisis y reflexión?

Se dice que “la curva de atención” de los diputados en una sesión dura a lo sumo cuarenta y cinco minutos solamente. De ahí que haya legisladores que se duerman o se distraigan en las reuniones. Los

diputados que se duermen durante las sesiones padecen problemas personales. Yo creo que esos legisladores dormilones deberían tomar anfetaminas para no hacer el ridículo; si no es qué, algunos se meten su “perico”, pero por lo que se ve, de nada les sirve. Aunque algunos se aceleran, y quiere vender hasta el perico (válgase la redundancia).

Y qué decir de la Cámara de Senadores, el Senado sólo sirve de trampolín para alcanzar gubernaturas; por eso se acogen al “Lo que usted ordene señor…”.

Y aunado a todo lo anterior, la falta de puntualidad e inasistencia a las sesiones. O sea, una total falta de respeto a la supuesta representatividad que ostentan.

Muchos senadores y diputados se felicitan porque “venturosamente en México no padecemos de inmovilismo legislativo y siempre ha sido y es posible perfeccionar nuestras leyes”. Y algunos se vanaglorian porque suben al estrado, se ven muy chingones pero nomás para la foto, porque en la mayoría de los casos su exhibición no sirve de nada.

Pero se olvidan que las Leyes no hacen la Democracia. Nosotros mismos como ciudadanos debemos cambiar nuestra moral democrática: debemos ser coherentes en nuestro pensamiento, sentimiento, convicción y conducta democrática. No debemos limitarnos a los procesos electorales, porque eso sería simplemente democracia electoral. Hasta ahora, sólo somos eso, unos demócratas electoreros.

Necesitamos algo más profundo: ser democráticos en el seno de nuestra Familia, en la Escuela, en la Sociedad y en el Estado, las cuatro Agencias Educativas Fundamentales, no importa la edad que tenga el hombre. Ahí es donde debemos ser demócratas, para que haya coherencia entre el pensamiento y la acción.

Y lo principal, que para que esto se dé, el Pueblo, la Sociedad Civil, debe también salir de su sopor.

Pero los “representantes populares” –que dicho sea de paso, muchos de ellos no representan ni a la colonia de su casa- con sus acciones son los menos democráticos; porque como bien sabemos, también es cierto que en todo ejercicio de poder –y esto es parte de la naturaleza humana- intervine mucho la vanidad y la soberbia. Pero como dicen los chavos: “…éstos se pasan…”.

En fin, para desgracia de nuestro México, los “representantes populares” llámense senadores, diputados federales y locales, seguirán durmiendo el sueño de los injustos, aprobando iniciativas presidenciales anticonstitucionales por comisión, omisión o inercia en los brazos del Dios Morfeo.