Maryjose Gamboa y la anulación de los Derechos Humanos en Veracruz

Miguel Angel Yunes Linares

3 de agosto de 2014

Hace unas semanas tuve un accidente automovilístico en una carretera del Norte del Estado. El conductor de un trailer perdió el control, invadió el carril contrario y se estrelló contra mi vehículo y dos carros mas. Fue un accidente y así lo señalé desde el primer momento.

Pudo haber imprudencia del conductor, pero nunca ánimo de hacernos ningún daño. No pedí ningún castigo para él.

Maryjose Gamboa atropelló accidentalmente a un joven que perdió la vida, lo cual lamento. Fue eso, un accidente. Nunca quiso hacerle daño, ni hacerse daño. No huyó, se puso a disposición de las autoridades seguramente porque pensó que se aplicaría la Ley, que obtendría su libertad y en el proceso acreditaría su inocencia. Se equivocó, no estaba en manos de un gobierno respetuoso de la Ley, sino en manos de un individuo abusador y caprichoso como Javier Duarte.

Hoy vive un auténtico calvario, está en prisión y es tratada como si fuera una asesina peligrosa, un riesgo para la sociedad.

Soy testigo de ello y eso me lleva a escribir estas líneas que enviaré a todos los medios, para que las publique el que quiera y pueda.

Al hacerlo sólo pretendo difundir una enorme injusticia y evitar que se cometan mas. El gobierno requiere frenos y contrapesos, se necesita que los ciudadanos nos decidamos a hablar y actuar para no permitir mas abusos.

No hay que caer en la trampa de quienes dicen que no hay que “politizar” los abusos de Duarte y su gobierno. Quieren que todos guardemos silencio; yo no lo haré.

Empiezo por decir que mi familia y yo le tenemos un gran afecto a Maryjose Gamboa. Sabemos que es una mujer de valores y principios, comprometida con las mejores causas de la sociedad; es también una periodista crítica y valiente, no corrompida.

Es nuestra amiga y nos sentimos orgullosos de su amistad.

Por eso desde el primer día hemos estado pendientes de su situación y tratando de ayudar a que pronto vuelva a estar con su hija, en su casa y en su trabajo.

Desde hace 22 días Maryjose se encuentra en una celda del penal de Playa Linda, en la ciudad de Veracruz, donde la he visitado en tres ocasiones en compañía de Jorge Winckler, su abogado; ayer domingo estuvo también presente mi hijo Miguel. Las visitas son de sólo 15 minutos.

No está sentenciada por ningún delito, está sujeta a proceso por un accidente. De acuerdo a la Constitución debe presumirse inocente.

Para llegar al lugar donde se encuentra hay que cruzar un portón y tres rejas con candados.

Su celda es la última, hasta el fondo a la izquierda, seguramente para evitar contacto con el resto de la población penitenciaria.

Duerme en el suelo, sobre una colchoneta de no mas de cinco centímetros.

El “baño” es una letrina sin puerta, con un pedazo de tela colgada que permite cubrir parcialmente su intimidad.

Come en una banca de cemento que se prolonga a todo lo largo de la celda.

Escribe recargada en sus piernas, con las crayolas que le permiten usar.

No hay televisión ni radio. Tratan de mantenerla aislada.

Todo el tiempo la vigilan tres custodios, una mujer y dos hombres que no dejan de mirarla, como si pudiera esfumarse. Literalmente están pegados a la reja, de tal manera que es imposible evitar que escuchen la conversación. Un persona enviada directamente por Javier Duarte de nombre Nicolás Novelo se encarga de que se le trate con dureza.

Su deterioro físico es evidente. El médico que la atendió ha diagnosticado una lesión en la columna vertebral cuya magnitud aún no puede determinarse porque se han negado a llevarla a un hospital.

Ayer ya había perdido la sensibilidad en el brazo izquierdo, mismo que presenta también problemas de movilidad.

A pesar de que un Juez de Distrito ha ordenado ya que las autoridades lleven a cabo “actos positivos” para atender su salud, se mantiene la negativa a permitirle que le practiquen una resonancia magnética y la atienda un especialista.

A pesar de todo su ánimo no ha decrecido, por el contrario, está fuerte y decidida a no pedir piedad, sino exigir justicia.

Al salir de visitarla pensé en escribir estas líneas y relatar algunas vivencias.

Tengo experiencia en penales. Fui Subsecretario de Seguridad Pública Federal y tuve a mi cargo los centros penitenciarios de máxima seguridad. Me tocó reformarlos para restablecer la seguridad y el orden.

Son -sin duda- las cárceles mas duras de México, pero una norma invariable en éstas es que aún el delincuente mas peligroso es un ser humano y se tienen que respetar sus derechos inherentes. Para ello la Comisión Nacional de los Derechos Humanos tiene un visitador designado para atender exclusivamente las quejas que se presentan en los penales.

Ningún reo, ni el mas peligroso, ni el mas sádico criminal, es tratado en un penal de máxima seguridad como se trata a Maryjose Gamboa en la prisión en que se encuentra en Veracruz.

Cuando vi a los tres custodios pegados a la reja de su celda, viéndonos, escuchando nuestra conversación, recordé la zona que en el argot de los centros de máxima seguridad se denomina de “máxima máxima”.

En esa zona se recluye a los mas peligros, a los que representan un alto riesgo para la sociedad. Mario Aburto, asesino de Luis Donaldo Colosio, “El Mochaorejas” secuestrador y asesino, Francisco López, asesino confeso de mas de 50 personas, Osiel Cárdenas y otros de esa ralea han pasado por esa zona.

Son diez celdas, con cama, baño, una pequeña mesa de cemento, y televisión que solo pueden escuchar con audífonos.

Se les vigila mediante cámaras y hay un solo custodio recorriendo todo el tiempo el pasillo.

Su familia puede visitarlos en un área especial en la cual pueden convivir sin interferencias.

Pueden recibir a sus abogados todos los días el tiempo que requieran para preparar su defensa.

Tienen acceso a servicios médicos eficientes dentro del propio centro penitenciario, y cuando se requiere atención de otro nivel son trasladados a hospitales cercanos con todas las medidas de seguridad.

En conclusión, mientras en los penales de máxima seguridad donde cumplen su sentencia los delincuentes mas peligrosos de México se respetan los Derechos Humanos, aquí, en la ciudad de Veracruz, en pleno siglo XXI, se violentan los derechos y las garantías de una mujer con toda la impunidad de que puede ser capaz alguien que piensa que el poder es para siempre y que las leyes son para que las cumplan otros.

Los Derechos Humanos de Maryjose Gamboa han sido anulados por decisión de Javier Duarte, incluso su derecho a la salud, su derecho a que la atienda un especialista para evitar lesiones en la columna que pueden ser irreversibles.

Estamos ante uno de los mas graves abusos que ha cometido Duarte y la sociedad no debe permanecer contemplante; hay que pensar en que si un abuso de ésta magnitud se está cometiendo en contra de una periodista conocida, destacada, crítica, con una amplia trayectoria pública, qué no podrá hacer Duarte en contra de cualquier ciudadano común, cuyo nombre sea uno mas entre todos.

Duarte al tomar posesión de su cargo se comprometió a respetar la Constitución. Siempre me preguntaba si alguna vez la había leído, hoy llego a la conclusión de que no.

Porque si lo hubiera hecho sabría que el Artículo Primero de la Constitución señala que “todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales…”

Sabría que el Artículo 20 señala que es derecho de toda persona imputada (como es el caso de Maryjose) “a que se presuma su inocencia mientras no se declare su responsabilidad mediante sentencia emitida por el juez de la causa”.

Que el Artículo 4 determina que “toda persona tiene derecho a la protección de la salud”.

Si hubiera leído la Constitución Duarte sabría que el Artículo 18 señala que “el sistema penitenciario se organizará sobre la base del respeto a los derechos humanos…”

No hay mas que dos conclusiones, o Duarte ignora lo que dispone la Constitución o no le importa violentar sus preceptos.

Pero olvida que también para quienes violan la Constitución hay castigo, no importa que sean gobernadores.

No tengo duda, Maryjose Gamboa saldrá de la prisión con la cara limpia y la frente en alto, mientras que Duarte llevará siempre el estigma de haber abusado brutalmente del poder para perseguir a una mujer, madre de familia, periodista que se atrevió a criticarlo convirtiéndose en vocera de lo que opina la gran mayoría de los veracruzanos.

Los Derechos Humanos han sido anulados en Veracruz, urge un cambio para restablecerlos.