“OCHO FUNDAMENTOS QUE TODO HIJO DEBE SABER”

FERNANDO F. CANCELA

“Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.”

Mateo 6:9-13 (RVR1960)

Solo Usted y yo que tenemos hijos apreciado lector (a), sabemos sobre gran amor que se siente por ellos.

No sé qué piense usted al respecto, pero debido a ello, nuestro mayor deseo es enseñarles valores.

Valores que les ayuden a ser realmente exitosos. Algunos de ellos pueden ser la honestidad, la felicidad, la comprensión, la paz, que sean alegres, libres, tranquilos, que tengan buenas relaciones y delicadeza; buenos modales y educación; valores que en estos tiempos son cada vez más difíciles de encontrar.

Por ese mismo amor que le tenemos a nuestros hijos, cuando salen de la preparatoria si pudiéramos hacer como la gente adinerada, es posible que también lo hiciéramos. Ellos envían a sus hijos a que sigan estudiando en el extranjero; a la Universidad de Harvar, de Yale, al Instituto Tecnológico de Massachusetts; a la Universidad de Oxford; a la Universidad de Rockefeller, y tantas otras más.

Sin embargo, la Biblia enseña que los fundamentos que debemos sembrar en la vida de nuestros hijos para que sean realmente sanos y éxitos, no es el mandarlos a estudiar al extranjero, sino que estudiemos con ellos cuidadosamente, las ocho frases de la oración del “Padre Nuestro”, en las cuales, Jesús nos dejó ocho brillantes principios fundamentales.

Arriba escribí de entrada el padre nuestro en la versión de la Biblia “Reyna Valera 1960”, pero si usted cuenta con una Biblia “Nueva Versión Internacional” en casa, véalo usted mismo. El libro de Mateo en su capítulo 6 y versículo 9a dice así:

“Padre nuestro que estás en el cielo…”

Con relación a la palabra, lo que Dios nos quiere decir es que nosotros debemos enseñar a nuestros hijos a orar el padre nuestro, pero que entendamos también lo que quiere decir cada una de sus frases. En la primera frase del Padre Nuestro, debemos decirle a nuestro hijo (a), que Dios quiere tener una relación íntima con nosotros; que Dios quiere tener una relación íntima con él o con ella; una relación personal con el padre.

Pero… ¿sabe una cosa apreciado lector?, es importante hablar con la verdad, recordemos que Jesús es la verdad y la vida, y la verdad es que la mayoría de las veces somos muy apáticos con nuestros hijos, pero sobre todo, somos muy apáticos con las cosas de Dios.

En uno de mis artículos comenté sobre algunas estadísticas sobre la educación y le decía que el 75% de los niños de color viven sin la presencia del padre en el hogar, luego entonces, tenemos que reconocer que es el motivo de que la sociedad esté como está. Por eso pasa lo que está pasando en nuestra ciudad, porque la gente no quiere saber de Dios; no quieren aprender lo que Dios quiere para nosotros.

El problema número uno de los niños es la inseguridad. Los niños necesitan tener límites para sentirse seguros. El bebé por ejemplo, al sentirse apretadito a su regazo, se siente seguro. Por lo mismo, ellos deben saber que tenemos un Dios que los ama y que fueron creados para tener una relación íntima con él.

¿Sabe cómo la sociedad nos enseña a tener hijos inseguros? Compitiendo. Todo el tiempo queremos estar compitiendo con los demás. Siempre comparamos nuestra casa y nuestro auto con el del vecino, con el hermano, con el primo o el tío, competimos con sus actitudes, con sus capacidades estudiantiles, atléticas, culturales, artísticas, en fin; pero lo que Dios quiere es que le digamos Padre Nuestro, luego entonces si quiere tener un hijo sano y exitoso hágaselo saber.

Descubrirá cuando le diga a su hijito. “Sabias que Dios te ama”, algo que no sabía… que el niño se pondrá feliz. Se dará cuenta como pondrá su carita de gusto y felicidad. Por naturaleza genética, el niño quiere y desea saber sobre las cosas de Dios, pero nosotros como padres no lo creemos y mucho menos, se lo decimos. Si solamente enseñamos a nuestros hijos a competir ¿sabe que pasará apreciado lector (a)?, nuestros hijos crecerán inseguros y desconfiados.

Que no se mal entienda, esto no quiere decir que no les enseñemos a ser competitivos claro que sí, pero con bases bíblicas.

Vea lo que dice Mateo 6:9b. “Santificado sea tu nombre…”

Esto quiere decir que debemos enseñarle a nuestros hijos que el nombre de Dios, merece honor; que se debe honrar el nombre de Dios; dígale que el nombre de Dios no debe ser usado en vano o de manera superficial, porque el niño que ve a su padre usar el nombre de Dios en vano, ese niño se acostumbrará a usar el nombre de Dios en vano; si el niño no respeta el nombre de Dios, tampoco respetará a los demás; no respetará a sus padres, ni a sus hermanos, no respetará a sus maestros; ni a sus mayores en general, por tanto, enseñe a sus hijitos a respetar el nombre de Dios.

El segundo problema, es que nosotros enseñamos a nuestros hijos a que hagan lo que quieran sin darnos cuenta en el daño tan tremendo que estamos causando en ellos. Lo que no debemos decir: “Es que es mi junior”, “Es que es el consentido de la casa”. Así dijo una vez un papá consentidor y sabe que pasó, que aquel niño le quebró una silla en la cabeza a su maestra. Nosotros mismos al tolerarles sus caprichos, creamos unos verdaderos monstruos, unos engendros que con el paso del tiempo… se convierten en incontrolables.

El otro día, nos comentó el Pastor de la Primera Iglesia Bautista de Xalapa, Armando Díaz Salazar que en un supermercado de aquí de Xalapa, un amigo suyo que también es pastor, se aventó una escena de aquellas que no quiere uno presenciar. Un niño de plano se le tiró a su mamá en el piso porque la señora no quiso, o tal vez no pudo comprarle lo que el niño le pedía; dice que los llantos incontrolables de aquel niño se escuchaban por toda la plaza comercial; la madre toda roja y acalorada de la pena ya no sabía ni qué hacer con él y el pastor quien venía atrás de ella para llegar a la caja para pagar, se tuvo aventar todo el espectáculo.

En una de esas, la señora tuvo una brillante idea. Que le dice al niño viendo a los ojos al pastor. “Si sigues llorando, le diré al señor que te pegue”; luego entonces, el niño se le quedo viendo al pastor con tremendos ojos en el momento que el pastor se quitaba el cinturón y muy serio lo dobló por la mitad y entonces contestó el pastor a la señora: “No señora, tenga el cinturón y le pegará usted misma, porque disculpe que se lo diga, pero la culpa no es del niño, la culpa es de usted por no enseñar al niño a que esto no se debe hacer”.

Cuenta el Pastor Armando que aquella señora muy apenada ya no sabía ni dónde meter la cara; solo se limitó a agradecer al pastor por el detalle del cinturón y el gesto de que la aconsejara.

Es en el seno del hogar es donde debemos educar a nuestros hijos; créalo apreciado lector, el uso de la vara no es sinónimo de ser un mal padre, el uso de la vara es bíblico, por lo que el nombre de Dios, si se amerita, debemos hacerlo.

En Mateo 6:10 dice así. “… Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.”

La palabra reino quiere decir que Dios tiene un plan; un gran proyecto. Que no solo vivimos aquí en la tierra porque si, sino que debemos enseñar a nuestros hijos que Dios tiene un gran plan y de paso, atacamos el problema número tres que tiene que ver con el hecho de que los niños sufren, y… ¡sabe por qué?, porque creen o porque así se los hacemos sentir que él o ella son el centro de la familia y los niños no son el centro de la familia, ni del universo, debemos enseñarles que el centro del universo es Dios.

No formemos hijos caprichosos que al final los únicos que sufrirán son ellos mismos. ¿Sabe cómo terminan los niños caprichos, mimados, egoístas y groseros y prepotentes, aquellos que creen que este mundo no los merece; que se sienten que son la última Coca-Cola del desierto cuando llegan a ser adultos? Se quedan solos; nadie los tolera, ni los soporta. Ellos mismos se aíslan al volverse insoportables.

Los padres al ver eso nos lamentamos y decimos. “Híjole, si tan solo yo hubiera hecho esto; si tan solo yo hubiera hecho aquello; si tan solo hubiera actuado”. Nos convertimos en los padres con el lamento eterno. Si tenemos culpas o patrones de vida, debemos entregárselos a Dios, solo Dios puede romper las cadenas de los patrones de vida, pero debemos pedírselo con fe. Debemos hablar con él y decirle. “Padre bendito, Dios del universo, no puedo con esto o aquello, lo que llevó sobre mis espaldas me pesa; ayúdame a romper las cadenas de mi opresión, quítame esto que me atormenta”.

En Mateo 6:11 dice así. “Danos hoy nuestro pan cotidiano.”

Aquí dice que debemos enseñar a nuestros hijos que Dios puede satisfacer todas nuestras necesidades. Enseñe a su hijo que él único que puede satisfacer todas sus necesidades es Dios; porque la verdad es que tenemos nuestra novia (o) a la que amamos, nos casamos con ella (él) y pensamos que nuestra esposa (o) surtirá todas nuestras necesidades; y por pensar de esta forma tarde que temprano sobreviene la separación y posteriormente el divorcio. El único que puede satisfacer todas nuestras necesidades es Dios.

El proceso para tener hijos exitosos es el siguiente:

1.- Mis hijos dependen de mí.

2.- Les enseño a que no dependan de mí.

3.- Les enseño a depender de Dios.

Debemos enseñar a nuestros hijos a independizarse de nosotros. Dice el Pastor Armando Díaz, quien es un consejero espiritual por excelencia, que él se ha enfrentado con diversos casos de padres de familia en los que los hijos no quieren salir de sus casas. Que esta situación la hemos adoptado de los gringos donde vemos que los hijos de 30, 35 y hasta 40 años, siguen viviendo con sus padres, sin darse cuenta ni ellos ni sus padres, que padecen una grave codependencia.

Para las madres mexicanas esto es terrible, pues algunas padecen el “Síndrome de la Virgencita de Guadalupe”; entonces se vuelven como las gallinas que protegen a sus hijos bajo sus alas, creándoles codependencia. Lo malo de todo esto es que los padres no seremos eternos, vamos a sucumbir y después los que sufrirán las consecuencias de nuestros actos, serán ellos, nuestros hijos amados.

Usted apreciado lector (a) ya crio a sus hijos; les dio techo y comida, les dio una educación; ahora ya son profesionistas o si no quisieron estudiar, ya aprendieron un oficio que los formó unos profesionales y puedan con el mismo, salir adelante; ahora con mucho amor hay que hablar con ellos y decirles que deben ahuecar el ala y comenzar a volar por sí mismos; imagínese, si las aves del cielo lo hacen, porque nosotros no deberíamos hacerlo.

Debemos explicarles con amor que ellos deben crear su propio patrimonio al momento que podemos explicarle a nuestro hijo que el lugar donde usted y su esposo o esposa habitan, así como lo que lo que está adentro y afuera de su casa, y lo que está ahorrado en el banco, es de él; que esa será su herencia, pero que por el momento lo más saludable es que debe partir y hacer su vida por su propio bien y el de su familia.

Mateo 6:12 dice así: “Perdónanos nuestras deudas como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores.”

Esto quiere decir que enseñemos a nuestros hijos a perdonar, y el quinto problema que atacamos en nuestro hijo es que aprendan a curar sus heridas. Que aprendan a perdonar para que no carguen con el resentimiento todo el tiempo. El resentimiento es sentir vez tras vez lo mismo, resentir el daño, sobre todo, porque el resentimiento solo me hace daño a mí, a usted, a su hijo; la otra persona anda campante de la vida, ni siquiera sabe que usted tiene resentimiento contra ella. Al perdonar se libera usted y libera a la otra persona.

Por otra parte, debemos saber que usted, yo y nuestros hijos, seremos dañados de nuevo, eso es bíblico y lo más seguro es que seamos dañados por las personas que más amamos; esto no debe ni decepcionarnos, ni tampoco frustrarnos. Dios nos perdona todo el tiempo y por lo mismo, nosotros debemos perdonar y enseñar a nuestros hijos a perdonar, no a guardar rencor, pues el rencor solo conlleva a más rencor que se puede convertir en odio. Vio de la serie de “Mujeres Asesinas”, alguno de los casos, eso ocurre cuando el odio y el rencor, no se puede canalizar para ningún lado; el odio no lo cura el médico, el único que puede sanarlo es Dios.

Mateo 6:13ª dice: “Y no nos dejes caer en tentación…”

Esto quiere decir que debemos enseñar a nuestros hijos a realizar lo que es correcto y el sexto problema que atacamos en nuestros hijos es… el niño no sabe que es lo correcto, o no sabe que es correcto; debemos enseñarle a decidir bien, a enseñarle a realizar las cosas que son correctas; pero también, explicarle que Dios le enseñará a hacer lo correcto durante todo el tiempo que dure en esta vida.

Mateo 6:13b dice: …Si no líbranos del maligno.

Lo que dice la palabra es que debemos enseñarle al niño que Dios lo protege todo el tiempo del mal y el séptimo problema que atacamos en el niño es a que no caigan en la maldad. Nuestros hijos están inseguros, hoy es más peligroso para nuestros hijos que para nosotros hace 30, 40 o 50 años; y déjeme decirle que para los hijos de nuestros hijos, estará peor, y no lo digo yo, lo que está pasando… es bíblico.

Créame, el mal llega a nuestros hijos en su propia recámara. ¿Sabe cómo apreciado lector? A través del internet. Y cuando nuestros hijos llegan a los 18 y 16 años de edad, han repasado ya un sinfín de imágenes que han distorsionado por su mente; ellos se dan cuenta perfectamente de los asesinatos masivos, violaciones, descuartizados, pornografía y ya sabe usted, todo aquello que los podría lesionar.

En este caso lo que tenemos que hacer es orar y decirles a los niños que Dios nos librará del mal.

Mateo 6:14 dice así: “Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Dice la palabra de Dios, que lo que tenemos que decirle a nuestros hijos es que la vida con Dios no únicamente es el aquí y ahora.

El mundo y la escuela nos enseña que la vida es aquí y por eso tenemos que disfrutar la vida, lo que decimos algunos cuando éramos jóvenes, “Yo quiero vivir mi vida” y por esta razón, los jóvenes no quieren salir del antro y dicen: “hay que chupar que el mundo se va acabar”, hay que fumar y darle rienda suelta al cuerpo; pero eso es una cruel mentira, pues los niños, no viven con la perspectiva del futuro, solo viven el momento.

Debemos enseñar a nuestros hijos a que no tengan la creencia estúpida que aquí en este mundo torcido está todo, pues el niño no aprende a esperar, no aprende a tener una esperanza en la vida. Sabe que pasa, que el niño quiere algo y se lo tenemos que dar en ese momento y hasta nos dicen: “Lo quiero y lo quiero ahorita mismo” “Quiero ese celular”, “Quiero esos tenis Nike” y lo quieren como aquel candidato a la gubernatura ridículo que dice, ya,ya,ya y nosotros se lo damos inmediatamente aunque no tengamos efectivo y lo tengamos que cargar a nuestra tarjeta de crédito. Es decir, compramos cosas que no necesitamos, con dinero que a veces no tenemos.

Reflexionemos apreciado lector. Sembremos estos verdaderos valores en la vida de nuestros hijos y nos daremos cuenta que serán más sanos y exitosos. ¿Sabe una cosa apreciado lector (a)?, los apóstoles crean en mi una gran ternura; cuando estaban con Jesús, se comportaban como unos niños; cuando ellos le pidieron a Jesús que los enseñara a orar, Jesús lo hizo y les enseño el Padre Nuestro como una muestra más, del inmenso amor que les tenía; ahora tenemos que ser nosotros quienes lo enseñemos a nuestros hijitos.

Que Dios lo bendiga ahora y siempre.

dere.cancela@gmail.com