UNAM desarrolla un sustituto de hueso a partir de arroz

La UNAM desarrolla un sustituto de hueso a partir de ceniza de la cáscara de arroz.
La máxima casa de estudios, la UNAM desarrolla un sustituto de hueso que puede favorecer el trabajo de las células para que realicen el proceso de regeneración ósea. Se trata de un biovidrio generado a partir de las cenizas de la cáscara de arroz. La investigación estuvo a cargo de Miriam Marín Miranda quien declaró:

“El nuevo material favorecer el trabajo de las células, proporcionándoles una estructura y componentes suficientes para que realicen el proceso de regeneración. Este presenta diversas ventajas, entre ellas, que se obtiene a menor temperatura que otros y mejora el costo-beneficio al provenir de un desecho agroindustrial”

La porosidad del biovidrio es similar a la de un hueso humano.
Existen diversas causas que desembocan en la pérdida de material óseo para los humanos, como es el caso de las lesiones cancerígenas que mucha sveces requieren ser tratadas quitando una pieza ósea completa. Los sustitutos que ocupan el lugar de la pieza orgánica original suelen estar hechos de materiales metálicos, cerámicos, poliméricos o una combinación de ellos. El biovidrio es un nuevo material que se ha comenzado a estudiar por su osteogénesis, osteoconducción y osteointegración, es decir, que tiene las capacidades que facilitan la regeneración de las células óseas.

Existen dos formas para crear viobidrio en la actualidad: la primera es por fusión, la cual requiere altas cantidades de energía y temperaturas de 500 mil grados celsius. La otra es conocida como sol-gel, que permite la creación de “andamios” por medio de espumado e impresión 3D. Este último método mencionado es el que se eligió para crear el material con el que experimenta la máxima casa de estudios de México.

“Nuestra propuesta fue utilizar un método sol-gel que emplea una sustancia llamada glicerol para lograr una mezcla más homogénea, producto de la depolimerización del silicio, y una interacción con los demás componentes de la fórmula”, dijo la investigadora.

“Si usamos el dióxido de silicio de la cáscara de arroz y sólo completamos lo que haga falta de la fórmula, tenemos una materia prima mucho más barata y aunque aún faltan pruebas mecánicas y celulares por hacer, el material es prometedor. Si todo sale bien, el último paso serán las pruebas en animales”, concluyó.